No ha sido difícil terminar este post desde el Starbucks de Walnut, una frecuentada calle de tiendas cerca de la Carnegie Mellon. Aquí en Pittsburgh los Starbucks son bastante parecidos a una biblioteca sin estanterías de libros. Lo que más hay es silencio, Macbooks, música de ambiente y asiáticos estudiando, programando e incluso durmiendo sobre un libro.

Pittsburgh es una ciudad en la que esa sensación a investigación y tecnología la encuentras en cualquier sitio. Vas en el 71A, uno de los destartalados autobuses públicos del ayuntamiento en bancarrota, y la publicidad ofrece unos cuantos dólares a gente fumadora que quiera someterse a un experimento en la PMCU. En las calles que rodean a la Carnegie, donde te encuentras con chavales indios te ofrecen 5 dólares y unos snacks por participar en un experimento sobre Computer Human Interaction. En los tablones de la Universidad cientos de anuncios caseros compiten por buscar alguien que se anime a un experimento tecnológico. Y así sucesivamente. Pittsburgh es eso, Universidad, tecnología e investigación. Y gracias a que aquello de cambiar el modelo productivo se lo aplicaron de verdad y tras la crisis de los 70 supieron perder uno de los sectores industriales más importantes del mundo sustituyéndolo por el I+D, evitando así convertirse en una ciudad Mad Max como lo es hoy Detroit.

Aunque aquí hay muchas Universidades, en software, tecnología y relacionados la Carnegie Mellon (la CMU) es la estrella de la ciudad. Una de las tres mejores tecnológicas del país (junto con Stanford y el MIT). La Universidad donde estudiaron John Nash, Alan Perlis (primer premio Turing) y Feigenbaum (el de aquellos dichosos algoritmos que estudiábamos en la carrera). Y de la que salieron 18 premios nobel y 11 Turing.

Pero las cosas no son fáciles. – Los precios por año de matrícula rondan los 40000 dólares. – Me comentaba un compañero de la CMU, el del despacho de al lado, un día que fuimos a comer a una de esas camionetas ambulantes que paran cada día cerca de la Universidad, de los pocos sitios en que puedes encontrar algo parecido a comida casera. – Además sólo aceptan un 5% de las solicitudes – añadía mientras él comía, y yo lo intentaba (aún hoy estoy entre los españoles que a las 12:00 pm, hora en que se come en EEUU, continúan sin poder comer algo más que un pincho de tortilla, de esos que aquí no existen). – Aunque los precios de matriculación son altos cualquier egresado de la CMU puede ganar fácilmente entre 50 y 60000 dólares anuales en su primer año de trabajo – me decía durante una cena otro compañero – por ello muchas familias invierten todos sus ahorros para que su hijo pueda estudiar-. Y por ello muchos alumnos viven durante la carrera en condiciones muy modestas. Todo por asegurar un futuro, y estar entre los mejores. Me contaban incluso el caso de chavales asiáticos para los que todo su pueblo reunía dinero para pagar matrícula y estancia – Y así, una vez que terminan la carrera, cuando vuelven su país, con su salario ayudan a mantener a todo el pueblo -. En cualquier caso, independientemente de cómo cada uno hemos llegado a la CMU, lo que aquí todo el mundo tiene en común es ganas de superación y total dedicación al estudio o la investigación. <<No puedo evitar pensar en este momento en la diferente situación en la que se viven tantos alumnos en las Universidades españolas, bien por su falta de ambición, motivación o por la falta de ilusionantes oportunidades profesionales>>.

Aun con las correspondientes adaptaciones a las costumbres locales, para un español Pittsburgh puede ser un sitio muy interesante en lo laboral y muy agradable en lo social. En lo laboral porque te da increíbles oportunidades para conocer  e integrarte en equipos de primera línea mundial, trabajar con destacados profesionales e investigadores (en mi caso agradecer principalmente a Mark Paulk estos ya 55 de trabajo conjunto) y conocer una manera muy distinta de gestionar equipos. Y en lo social porque junto a la gran cantidad de gente de otros países que uno conoce, aquí hay un destacado grupo de españoles, la mayoría dedicados a la investigación en tecnología y salud, principalmente sobre el cáncer, con los que es muy agradable compartir unas cervezas… y lo seguirá siendo las semanas que aún nos quedan por aquí.

– Escrito el 24 de agosto de 2011

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