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Posted by on Sep 26, 2018 in General | 0 comments

No toda «Transformación», necesariamente, te lleva a ser una empresa ágil

Cambiar (o estar en el camino de hacerlo) la manera de trabajar, aun consiguiendo hacerlo (y sin que quede sólo en un intento), no implica, necesariamente… trabajar de manera ágil.

Y que te quede claro, antes de seguir: esto no tiene que ser malo por definición, ni bueno (por supuesto), sólo digo que cambiar, tener nuevas maneras e ideas para hacer las cosas, aun avanzando con éxito en el cambio, no necesariamente te lleva a un modelo de trabajo, a una cultura, ágil. Y ya está, no pasa nada.

Si pasas por el blog desde hace tiempo, sabes que le doy importancia a intentar llamar a las cosas por su nombre (un ejemplo, en otro contexto, aquel post de la importancia de llamar a las cosas por su nombre), siempre, dentro de lo posible. Y esta importancia es porque no nos cuelen, o nos auto-colemos, «gato por liebre» y nos quedemos tan tranquilos, con la conciencia tranquila de haber hecho algo que realmente no hemos hecho. Vamos, valga como ejemplo, que es más fácil llamar «Historia de Usuario» a cualquier cosa en un post-it que… ponerse de verdad a hacer historias de Usuario.

Encasillar algo bajo un nombre, por ejemplo, qué es ágil y qué no, sé que es difícil, porque (aunque algún Mordor.org por ahí lo intente) no hay una «RAE» que nos de las definiciones listas, ni creo que sea necesario, ni recomendable y, aún así, habría ambigüedad. Y eso evidencia la riqueza, diversidad y rapidez con que se mueve todo esto.

Llevo muchos años viendo equipos y organizaciones (mi primer proyecto Agil, ojo, del 2001 o después de pasar por 80 empresas), sus problemas, sus planes de cambio, etc. Estos últimos años, con la creciente moda de la agilidad, todo el mundo quiere, o debe, ser ágil. Llegando hasta el punto de que cualquier cambio ya, por defecto, se le llama «cambiar a un modelo de trabajo ágil».

Y en mi humilde opinión, aun con lo abierto que es «ser ágil» (que puede hacerse operativo de muchas maneras), muchas transformaciones tienen poco de cultura, valores y principios ágiles (por irme a lo esencial). Sí, puestos a retorcer palabras, muchas transformaciones pretenden que la organización trabaje «de manera más ágil» (habría que verlo), «agilizarla», pero no ir hacia una «cultura ágil» (que me encuentro que no se conoce qué es, típicamente).

Y, por supuesto, ni siquiera hacer uso de las ceremonias de Scrum, de la palabra Sprint tiene que, necesariamente, implicar que se trabaja en una cultura ágil. Hacer uso de modelos como SAFE (ten cuidado y no estés tan seguro con #SAFe), te hace ser difícilmente ágil. Y ya no te digo el tener a todo el mundo certificado en algo «ágil»… tampoco implica tener una cultura ágil.

No hay una «check list» de qué es ser ágil, y hay miles de maneras de serlo, pero si que hay prácticas, del Lado Oscuro, que nos dejan claro cuando no se es, como que los procesos estén por encima de las personas, el papeleo esté por encima de entregar versiones, la negociación por encima de la colaboración o la planificación por encima del cambio. Y otras tantas más, que puedes deducir tu sólo de un documento del 2001.

Javier Garzás

Javier Garzás

Ph.D. en informática, Postdoctorado en la Carnegie Mellon (EE.UU) e Ingeniero en Informática.

Primera vez que me tocó hacer una gestión Ágil en una empresa... año 2001. Desde entonces he trabajado en, o para, más de 90. Y he formado a más de 2000 alumnos.

También soy profe de la Universidad Rey Juan Carlos.
Javier Garzás

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