Aquellos mis comienzos en esta profesión, programando Java y Clipper

Cuando algún, o alguna, joven (bueno, cuando digo joven digo más joven que yo, ejem), que recientemente ha terminado la carrera, o que está en los últimos años de la misma, me pregunta, en persona, o por correo, sobre cómo comenzar en esta nuestra profesión, lo duro que puede ser al principio, cómo poder llegar a dedicarse a aquello a lo que yo tengo la suerte de dedicarme, te comparte sus inquietudes por el futuro profesional, sus intentos de escapar de caer en las “galeras” de programación de alguna consultora despiadada, o temas similares, aparte de ofrecerle mis humildes consejos de carácter más técnico, que pueden y deben ser totalmente cuestionados, mientras lo hago, no dejan de pasar por mi cabeza recuerdos de cuando yo estaba en esa misma situación.

programando java en un lugar de la manchaFoto: El amigo Faustino, a la izquierda, y este quien aquí escribe, a la derecha, hará algunos muchos años, picando Java en algún laboratorio de Mordor, allá en La Mancha. Nótese el tamañao de los monitores, las modernas webcams, y el moderno ventiador que nos ayudaba a superar los calores manchegos.

Tengo que confesar que me gusta volver a esos recuerdos. Creo que todos debemos hacer ese tipo de reflexiones cada cierto tiempo. Hacen que mires las cosas con perspectiva, te alejes de los árboles y veas el bosque.

Para ayudarme a traer de manera más nítida aquellas primeras sensaciones, recientemente apareció por la casa de mis padres un viejo álbum de fotos, del que pude rescatar la foto que te he dejado más arriba.

Por aquellos tiempos estábamos a punto, o ya habríamos terminado la carrera de informática. Aún vivíamos en “un lugar de La Mancha”, Ciudad Real, y tanto a Faustino como a mí, y a otros tantos jóvenes incautos, nos cayó, de manos de una entonces ilustre empresa consultora, que aún hoy es de las más populares, pero que ya en estos tiempos, como el  resto del sector de las súper consultoras body shopping (ya sabes aquello de ¿Por qué en España hay tantísimo bodyshopping? El mayor negocio tecnológico del país), con peor fama.

Dichas labores de programación fueron desarrolladas en Java, lenguaje en el que más o menos sabíamos programar, aunque por aquellos entonces no teníamos tanta base sobre qué es hacer buen código, qué es un buen diseño, y ya no te cuento de cómo organizar un equipo, Scrum era un nombre raro, y CMMI empezaba a reinar, y aunque por aquellas fechas debió caer ya en mis manos un ejemplar del mítico libro de eXtreme Programming, no teníamos la mente claramente organizada, y amueblada, como para poder organizarnos mínimamente. Así que hicimos lo que pudimos, con lo que sabíamos, con el mayor esfuerzo del mundo e intentando pasarlo bien.
Entiendo que aquel primer desarrollo que hicimos para una empresa no debió llevarse el premio a la mayor calidad software y mejor diseño, aunque, sinceramente, tampoco creo que quien lo viese tampoco tuviera criterio como para criticarlo.
En cualquier caso, mal que bien salimos de aquella. Y aprendimos mucho, pero mucho, porque aunque sea y suene duro, una estancia en Mordor te puede ayudar mucho, a apreciar lo bueno que es salir de allí y a aprender todas las cosas malas que no debes hacer en tu trabajo. Tanto fue aquello que ahí nació mi obsesión por leer todo lo que encontraba sobre buenas prácticas software, no sólo cosas que te cuento ahora de agilidad, que por aquellos tiempos había muy poco, ni se conocía por ese nombre, sino mucho de Gamma y sus patrones, Meyer y la buena OO, Riel y las heurísticas OO, todo lo de McConnell, etc. De ahí que el paso por Mordor tuvo su recompensa.
Tiempo después nos tocó la ardua labor de buscar trabajo en Madrid, si bien antes tuve ocasión de poder «depositar» centenares de malas líneas de código en Clipper, en otra empresa que requirió de mis servicios para solucionarle unos temas con la facturación y el almacén. Y de ahí aprendí, a base de palos, decenas de cosas que nunca debes hacer, con especial mención a las cosas que nunca volveria a hacerle a una Base de Datos, con cretamene a aquella mi dBase (nunca te olvidaré cariño, aun te recuerdo).
Ya por Madrid, ya que por aquellos tiempos La Mancha no tenía apenas empresas de informática (casi como hoy, pero hoy hay alguna más),  la ardua labor del software que nos llevaría, de nuevo, y por muchos años, a trabajar y recorrer los bajos de diferentes galeras repletas de informáticos, en diferentes consultoras.  Donde que alguien te enseñara a hacer algo bien era la excepción, pero al menos aprendías cosas que nunca más querrás volver a hacer.
Si todo aquello no hubiese pasado, quizá nunca hubiese interiorizado mi obsesión por leer, estudiar, aprender y aplicar todo lo que pudiera encontrar sobre lo que hoy llamamos agilidad, sobre buenas prácticas de progración, diseño, metodologías, pruebas y similares.
Supongo que todos los informáticos de mi generación tendremos historias similares que contar, de aquellos años finales estudiando la carrera de informática, y de aquellos primeros años trabajando. Recuerdalos de vez en cuando, no los olvides, y si alguien más joven que tu te pide consejo, compartelos (sin pasarte, que no te llamen abuelo cebolleta)

jgarzas

Ph.D. en informática, Postdoctorado en la Carnegie Mellon (EE.UU) e Ingeniero en Informática.

Primera vez que me tocó hacer una gestión Ágil en una empresa... año 2001. Desde entonces he trabajado en, o para, más de 90. Y he formado a más de 2000 alumnos.

También soy profe de la Universidad Rey Juan Carlos.

0 comentarios en “Aquellos mis comienzos en esta profesión, programando Java y Clipper”

  1. Hola Javier. Sigo tu blog desde hace tiempo. Felicitaciones. Considero los contenidos actuales, de rigor profesional y bastante pedagógicos. Al grano. Porque tengo la impresión que vamos de trabajo en trabajo de proyecto en proyecto apuntando siempre las mismas cosas, lo que no hay que hacer? Hay una gran materia pendiente que es el «aprendizaje organizacional». Lamentablemente al parecer saldremos del suspenso continuó con el cambio generacional. Es así de lamentable, que nuestros «mayores» no tengan ganas o capacidad de liderar los cambios.

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