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Posted by on Feb 20, 2015 in General | 8 comments

¿Trabajar en remoto? ¿A más horas en la oficina mayor productividad? ¿Cómo lo gestionamos nosotros?

Hace unos días en Linkedin leí un post de Jurgen Appelo (autor de Management 3.0) llamado Stop Remote Working!. Si no lo habéis leído os lo recomiendo; no puedo estar más de acuerdo con lo que piensa Jurgen.

En el post, él se sorprende porque le digan que como no trabaja en una oficina, sino que trabaja en casa, en una cafetería, esperando al avión que va coger en ese momento…realmente no trabaja, trabaja a distancia y solo está de relax.

No obstante, por las características del trabajo que realiza (intelectual al fin y al cabo), no se siente un trabajador a distancia: su oficina es cualquier parte del mundo. Jurgen se centra más en obtener resultados, en sacar trabajo (sea donde sea y en el momento que sea) que en pasar X horas delante de una silla en una oficina.

Le entiendo perfectamente, ya que en parte mi situación en 233 Grados de TI (y podría decir que la de una gran mayoría de los que estamos dentro) es parecida.

Nuestra misión es ayudar a las empresas en temas de calidad de software, procesos, producto software, agilidad, etc. y para ello, o vamos in situ a las empresas a hacer mentoring o implantaciones, o damos formación, entre otras cosas.

Aunque somos un equipo e intentamos pasar juntos el máximo tiempo que podemos, ahora mismo somos distribuidos: cada uno pasa mucho tiempo viajando de un lado a otro, cada uno está en un sitio diferente.

Cuando vas a las empresas, si que es cierto que te adaptas a su horario y forma de trabajo. Cuando vas a una empresa, es como si fueras uno más de la empresa y tus objetivos son los mismos que los suyos.

Pero en 233, el trabajo no queda solo en ayudar a esas empresas. No es la primera vez que me han dicho, bueno, y los días que no estás por ahí, ¿qué haces?, de vacaciones ¿no? ¿Horario de oficina?

Además de este tipo de trabajo y de servicios, en 233 nos basamos en resultados. Como equipo, como empresa, tenemos objetivos semanales y también a largo plazo.

De hecho, nos organizamos siguiendo Scrum con sprints de 1 semana, donde además de incluir y gestionar el tiempo que invertimos en ayudar a las empresas introducimos otras tareas propias de 233.

Cosas como libros, preparar los cursos, mantenernos al día e investigar cosas nuevas, probar nuevas tecnologías, realizar informes, gestionar la academia, congresos, nuevas ideas y proyectos, etc., están presentes como objetivos que tenemos que realizar y que son buenos para nosotros como equipo y empresa.

Incluso cada cual tiene sus propios proyectos y objetivos personales, ya que no todos somos iguales y nos motivan distintas cosas.

Tenemos oficina, es cierto. Y nos gusta pasar tiempo en ella, sobre todo porque queremos estar juntos en equipo lo máximo que podemos, hablar las cosas y coordinarnos.

Pero nadie está obligado a pasar 8, 9, 12 horas delante del ordenador sacando todo el trabajo.

Y créeme, el trabajo se hace. Los objetivos del sprint se cumplen en su mayoría y llegamos a las fechas (muchas veces impuestas externamente). Y es muy probable que un viernes nos veas en la cafetería contándonos cosas, después de haber estado toda la semana cada uno en un sitio diferente.

Gracias al ambiente que tenemos, en algunas ocasiones ante algo a lo que no llegábamos en tiempo, hemos trabajado horas de más hasta conseguirlo. Y esto ha salido de nosotros. Nadie estaba triste por tener que echar más horas en ese momento. Era más bien un sentimiento de: somos espartanos y lo vamos a conseguir, por y para nosotros.

¿Sabes por qué? Porque estamos motivados y comprometidos. Las ideas buenas no salen a la fuerza. Que estés más horas en la oficina no siempre significa que saques las cosas antes. Si estás cansado, desmotivado, saturado….olvídate de sacar adelante un trabajo intelectual.

En 233 he vivido situaciones de tener algún día nada productivo, ir al día siguiente con otra actitud, estar 5 horas trabajando al máximo, y al final sacar más cosas de lo que me esperaba.

O tomarme una mañana para gestionar mis cosas, y luego seguir por la tarde o por la noche, y cumplir lo propuesto.

O sacar cosas en un viaje de AVE, estar inspirada para escribir un post en una cafetería, tener una idea para una dinámica de un curso mientras que desconectaba un poco, tener la idea de cómo resolver un problema en un trozo de código después de salir a dar un paseo…

Después de pasar por varios sitios, si que entiendo esa “necesidad” (miedo, lo llamaría yo) de querer saber que la gente está trabajando y no se está escaqueando. Pero para mí, con las personas correctas (ojo, que a veces esto es el principal problema), un buen entorno de trabajo, con confianza, orientado a resultados, es más motivador y productivo que una política de “trabaja todos los días hasta las 9 de la noche”.

¿Recuerdas el post de Javier de Horas en la oficina vs ideas y conocimiento aportado? Yo también espero rodearme de empresas que aprendan a gestionar el rendimiento como “conocimiento aportado”, más allá de “horas sentado”. Por todo: ideas nuevas (la creatividad no suele surgir en un mal ambiente, cuando estás molesto con todo), ir a trabajar con ganas, productividad, felicidad.

Estar rodeada de gente que se sienta valorada, gente que no está quemada y no quiere marcharse de la empresa a la primera de cambio…

Realmente estas empresas marcan la diferencia. Al final todo es un compromiso entre la empresa y los trabajadores, y los trabajadores y la empresa. Si una de las dos piezas da más que la otra, a largo plazo la cosa no termina nada bien.

Ana M. del Carmen García Oterino

Ana M. del Carmen García Oterino

Ingeniera Software QA at BQ
https://www.linkedin.com/in/amgarciao

Apasionada por la calidad del software (procesos, producto y equipos) y buenas prácticas en general.

Especializada en testing, automatización de pruebas e integración continua.
Ana M. del Carmen García Oterino

8 Comments

  1. Estoy muy de acuerdo con este post. Yo he trabajado a distancia también justo antes de irme de una empresa y mis jefes, siempre reacios a este tema, no dudaron en ofrecerme que siguiese con ellos aunque fuera desde casa, que no tenían problema con ello (me necesitaban porque yo era el *suspiro* superhéroe de un proyecto, una de las razones por las cuales me fui).

    Lo que me ha llegado al alma de todo el post, de todos modos, es el último párrafo. Toda relación laboral es una cuestión de confianza y actitud, tanto por parte del trabajador como por parte de la empresa. Si no hay confianza de un lado al otro y no hay actitud ni de trabajar ni de reconocer el trabajo, entonces esa relación laboral está condenada al fracaso, independientemente de si es en una oficina o “en remoto”.

  2. No puedo estar más de acuerdo con lo leído hasta ahora. Yo trabajé una vez en una empresa de éste tipo, aquí en España. La verdad es que a mí me gusta trabajar mucho a mi aire, es decir, puedo pasarme los días enteros cuidando de todos los detalles del proyecto y no darme cuenta del tiempo que he invertido. El proyecto se convierte en algo personal, un reto, algo por lo cuál te sientes realizado al hacerlo y mucho más cuando ves que a la práctica facilita la vida a otras personas receptoras del resultado. Ahora bien, creo que es muy importante tener muy claro como persona y como profesional que has de ser auto-exigente, saber trabajar en equipo dentro de esa autonomía de la que te responsabilizas y, sobre todo, ilusión y amor por lo que haces. Éste perfil de profesional, mirado fríamente, no es tan inusual, pero sí que es cierto que la cultura global del mercado laboral en España ‘contamina’ los buenos principios de muchos auténticos profesionales que son perfectamente válidos para hacer su trabajo de una forma más ágil, autónoma, responsable y orientados al equipo y al resultado.

    Tal como ya se ha comentado en otros posts anteriores, ésta visión del ‘quiero verte en la oficina porque así sé que estas trabajando’ es un claro síntoma del Trogolidata Management, si bien aunque ninguna metodología te garantizará nada, los auténticos profesionales son también espartanos 😉

    Cèsar

  3. El problema en España es que hay empresas(especialmente consultoras) que precisamente facturan más por horas calentando silla que por calidad de servicio.

    Supongo que es un problema cultural en ese sentido, en términos tecnológicos en España se apuesta más por vender servicio y carne que en crear producto.

    Bajo mi experiencia, he estado trabajando con horario flexible en las 2 últimas empresas que trabajo y es otra alternativa gratificante que permite organizar tu vida sin el estrés por llegar a determinada hora.

  4. Estais motivados y comprometidos… y la empresa es vuestra. Me parece importante destacarlo, porque el nivel de compromiso de un empleado normal es dificil que alcance al de un socio.

    • En este caso puede influir, pero no es el único motivo. Es la cultura de empresa. Hay empresas con empleados motivados y que promueven el sentimiento de equipo sin ser socios (para nuestra desgracia, creo que pocas en España…).
      Personalmente yo trabajo mejor así: con autonomía, motivación y una buena cultura de empresa.

  5. Ana, después de leer esto, es inevitable poner esto:

    http://youtu.be/Voyzxt3r0vE

    Tal como lo cuentas, diría que el café del viernes es lo más importante del sprint. Y creo que es así como debería ser 🙂

    • Jajajajajaja, grito de guerra imprescindible. 🙂

      Para mí trabajar en algo que me gusta es muy importante y motivador, y aunque me considero bastante autónoma, a día de hoy para motivarme todavía más, necesito ese sentimiento de equipo, ese “buen rollo” entre la gente, y que la empresa lo fomente.

      Puede parecer una tontería, y habrá gente que lo valore en mayor medida que otros, pero agradezco mucho esas actividades de “team building” de los viernes y fomentar cosas de ese tipo en otras empresas 🙂

      • Ana, no hay nada más grande que eso.

        La gente habla muchísimo de gestión de equipos, de reparto de roles, de coaching y hasta de kaizen. He visto a gente que no sabía nada sobre “buenas prácticas” uniendo a un equipo por puro instinto. Y he visto a gente aplicando mil “trucos” de management de la peor manera posible, destruyendo la cohesión del mismo equipo que intentaba unir. Lo cierto es que, al final, el equipo es esa gente con la que te gusta trabajar. Y eso lo es todo.

        En mi generación (y por lo que veo, ahora es igual), un niño al que no le gustaba el fútbol era un paria. El fútbol es en teoría un deporte de equipo, pero a menudo es un deporte profundamente individualista, en el que una “estrella” (léase Messi, por ejemplo) se lleva todo el protagonismo y el resto del equipo tan sólo está para hacerle brillar (piensa lo que le pasa a Messi cuando no juega con el Barça). Y todos quieren ser la estrella, y nadie sueña con ser ese centrocampista que le hace los pases a Messi. Incluso un buen equipo está orientado hacia el delantero. Todos los grandes héroes del fútbol son delanteros. Hay pocos, poquísimos porteros, o defensas centrales, que hayan llegado a destacar a los ojos de la afición. Sólo ha habido un Casillas, y ha habido poquísimos Ramos o Pujol. No te digo otros lugares: ¿quién quiere ser un defensa lateral izquierdo?

        A mí siempre me gustó el baloncesto porque es un deporte de equipo de verdad. Nadie puede irse con el balón y pretender ser el héroe del día: en cuanto te paras (o pasan 30 segundos), tiras a canasta o pasas a otro. Si no, pierdes la posesión o te pitan falta. Quien no pasa el balón no cabe en un equipo. Todos tiran a canasta, todos pueden marcar un triple, todos pueden coger un rebote, todos pueden meter la canasta decisiva en el último segundo. Parecería que el pívot tiene todas las papeletas para ser la estrella (piensa en Gasol, o en Romay), pero incluso con un pívot legendario el alma del equipo puede ser un base (piensa en Navarro, o en Corbalán). Pero es que Rudy es un alero, y el propio Pau es ala-pívot. No hay posiciones “malas” en el baloncesto, todos aportan algo al equipo.

        Cuando cualquiera del equipo mete la canasta decisiva en el último segundo, es la estrella, al menos por un partido. Pero tú puedes ser cualquiera de los otros cuatro jugadores (o de los del banquillo), y vives esa canasta como si la hubieras metido tú mismo. El equipo está por encima.

        Creo que en el fondo todos somos algo individualistas; pero ahí, en el fondo de nuestro ADN, junto a los reflejos de caza y el miedo atávico a las arañas, está ese sentimiento que te dice que no hay NADA tan grande como ser parte de un equipo.

        Pero, es cierto, un equipo no se hace sólo en el campo.

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