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Según pasan las horas se toman peores decisiones…

Como bien analiza el libro The Leprechauns of Software Engineering, y cómo te he comentado yo alguna que otra vez, véase en Mitos y misterios de la antigüedad de la ingeniería software (2015), hay que tener cuidado con los estudios y estadísticas en tecnología, en software. Es complejo hacerlos, difíciles, pero sin embargo… es fácil obviar sus detalles y generalizarlos.

No obstante, ello no quita que de vez en cuando hablemos de algunos estudios curiosos, y tampoco quita de que confíe en tu sano juicio y sentido común para que los tomes con cuidado.

Dicho esto, en el libro de Jeff Sutherland (co-autor de Scrum), Scrum: The Art of Doing Twice the Work in Half the Time, que te recomiendo leer (y complementar con aquella Entrevista que pude hacer a Jeff Sutherland), hay un estudio curioso, a tomar con cuidado como te dije, pero de conclusión sensata y útil para lo nuestro.

El caso es que según comenta unos de los capítulos del libro, en abril de 2011, un grupo de investigadores publicó una investigación en los “Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America”, concretamente, el artículo se llama “Extraneous Factors in Judicial Decisions” (por cierto, encontré el original, y lo puedes bajar aquí), el cual revisaba más de mil resoluciones judiciales, concluyendo, entre otros, con que la gran mayoría de las sentencias terminaban en “libertad condicional”.

Pero lo realmente curioso del tema, es que el artículo sacaba una relación entre sentencias y el tiempo que había pasado desde que el juez hizo la pausa del bocadillo, del bocata, un descanso. Según se atreve, y sin miedo, a decir el artículo, las decisiones tenían relación con el tiempo que pasaba desde que los jueces llegaban al trabajo, o volvían de una pausa para comer algo. Concretamente, justo después de un breve descanso, los jueces volvían con una actitud más positiva y tomaban decisiones más indulgentes e imaginativas, pero a medida que quemaban energías, comenzaron a tomar decisiones que mantenían el “statu quo”.

Cuando estamos cansados… somos propensos  a tomar decisiones erróneas o no pensar mucho en decisiones elaboradas. Lógico. Y este fenómeno se llama técnicamente “agotamiento del ego”. Cualquier elección implica un costo de energía, y si ya estoy algo cansado, subconscientemente intentamos conservar energía (hay por ahí más experimentos sobre este tema).

¿A qué nos lleva todo esto? Pues a varias cosas interesantes, a la vez que lógicas:

  • Hay un máximo de decisiones correctas, o a las que le has dedicado el máximo de tus neuronas, por día.
  • En relación a lo anterior, más horas no siempre concluye con mejores resultados, o los resultados más apropiados.
  • Ojo al Horas en la oficina vs ideas y conocimiento aportado, y valor aportado.
  • Dedicar horas a una tarea hasta la extenuación… puede ser un desperdicio porque puede conllevar decisiones erróneas, una especie de “deuda mental”.
  • Aunque socialmente  más horas es sinónimo de “más fuerte”, es más sensato menos horas o más pausas, y en cortos periodos de tiempo.

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